El
festival
Desarrollo
2002 - 35 festival "Homenaje a Consuelo
Araújonoguera"
Discurso del presidente Andrés Pastrana
Arango
Yo tengo una herida muy
honda que me duele.
Yo tengo una herida muy grande que me mata".
Comienzo con estos versos
inmortales de Rafa Escalona, los mismos que la Cacica alguna le
enseñó alguna vez a Carlos Vives, porque son las
palabras que mejor reflejan la emoción intensa que siento
esta noche, cuando me encuentro otra vez con mis buenos amigos
vallenatos, -como hace exactamente dos años-, en esta plaza
entrañable, con su Palo de Mango y su Tarima Francisco
El Hombre, pero con la pena, con la inmensa pena, de no tener,
como en aquella ocasión, la compañía alegre,
vital, generosa, de mi buena amiga, de nuestra querida Cacica,
de la Cacica de toda Colombia: Consuelo Araújonoguera.
A ella le digo hoy, con
el alma en la garganta, desde esta plaza que siempre fue su plaza
y este festival que fue su vida:
"Solamente me
queda el recuerdo de tu voz,
Como el ave que canta en la selva y no se ve".
"Con ese recuerdo vivo yo,
¡Con ese recuerdo moriré!".
Y no soy sólo yo.
Es todo el pueblo vallenato el que vivirá y morirá
con su recuerdo. Porque hoy la recordamos y sentimos como fue:
con grandeza y con alegría de vivir. Hoy la recordamos
como ella quería ser recordada: no con dolor, no con voces
fúnebres y lamentos, sino con el sonido gozoso de los acordeones,
las cajas y las guacharacas de su música vallenata; con
trinitarias en las manos, encomendando su memoria al amparo amoroso
de la Virgen María que la acompañó toda la
vida.
¡Cuántas
semillas sembró Consuelo que hoy han germinado! ¡Cuánto
dio con generosidad, sin esperar a cambio nada más que
una sonrisa! ¡Cuántas mujeres fue ella a la vez,
como si hubiera vivido mil vidas en una!
Ella fue la "Cacica"
de los suyos y de sus amigos. Ella fue la líder regional
y comunitaria por excelencia. Ella fue la folclorista, la promotora
de la cultura autóctona de nuestra patria, la investigadora,
la escritora y la periodista. Ella fue la Ministra de Cultura
que promovió con convicción los talentos naturales
de nuestra tierra. Ella fue, en cualquier lugar donde estuviera,
la mujer íntegra, la vertical, la transparente, que se
enfrentaba con firmeza a la corrupción y a la injusticia.
Ella fue nuestra amiga y la amiga de toda Colombia.
Una anécdota ilustra
muy bien el carácter singular e irrepetible de la Cacica.
Recuerdo muy bien cuando la llamé a ofrecerle el Ministerio
de la Cultura. Ella, emocionada, me agradeció el ofrecimiento,
pero me dijo, como era ella casi avergonzada: "Yo no puedo
aceptarle, Presidente, porque yo apenas soy bachiller". En
efecto, Consuelo sólo había podido terminar, y ya
tarde, su bachillerato en el Colegio Nacional Loperena, pero nunca
pudo ir a la universidad pues las mujeres de su casa tuvieron
que trabajar para costear la educación de los varones.
Entonces yo le dije: "Consuelo, para ser Ministra de Cultura
no se necesita ser profesional. Con que sea usted como es, defensora
y amante de la cultura, basta". Y así fue: Consuelo
fue la Ministra estrella de la cultura regional y en sus meses
en el gabinete tuvo excelentes resultados, incluido el impulso
del Plan Decenal de Cultura que dejamos como legado a Colombia.
Y sabemos todos que si
tuvo que renunciar al Ministerio, lo hizo por una razón
de peso como pocas: ¡Lo hizo por amor! Lo hizo para que
su esposo, el ilustre jurista Edgardo Maya pudiera posesionarse
como Procurador General de la Nación. Esa era Consuelo:desprendida
y generosa como ninguna.
Por eso la lloramos. Por
eso no podemos entender la crueldad de aquellos que le arrebataron
la existencia. Los terroristas, los que desprecian la vida y comercian
con la libertad, no podían caer más bajo. Apuntar
un arma contra Consuelo Araújonoguera fue apuntar un arma
contra el corazón de Colombia, contra la cultura de sus
pueblos, contra lo más hermoso y digno de nuestro país.
¡Qué cobardes, qué viles, qué ignorantes
son aquellos que utilizan una bala para matar una flor!
Pero fallaron otra vez,
como siempre fallan los cobardes. Porque se llevaron a la Cacica
pero no se llevaron la esperanza de un pueblo. ¡Porque hoy
en Valledupar hay más Cacica que nunca! La siento y estoy
seguro que la sentimos en todas partes, como si jamás se
hubiera ido. La veo en el rostro amigo del pueblo vallenato. La
escucho dando palmas a mi lado o coreando un son de esos que tanto
quería.
Se llevaron a la Cacica,
pero nos quedó su alma diseminada en nuestros corazones,
su risa viviendo en nuestra memoria, su porte de pilonera mayor
inmortalizado en los nuevos trofeos del Festival, su legado de
amor en toda la tierra del Cesar, en los acordeones que ella nos
enseñó a respetar y a querer como un patrimonio
nacional.
La Cacica se quedó
a vivir para siempre con su pueblo en este Festival que fue su
creación y en el Parque de la Leyenda Vallenata, el Parque
que ella soñó para su ciudad y para su cultura,
el Parque que ella luchó como ninguna y que día
a día se va convirtiendo en una promisoria realidad.
Aquí estuve con
ella, el 6 de enero del año 2000, colocando la primera
piedra de este sueño vallenato. Hoy Consuelo, desde el
cielo, sigue siendo la inspiración de este trabajo que
va avanzando con el empuje del pueblo del Cesar. Ya con el Fondo
Nacional de Regalías hemos aportado los primeros 7 mil
500 millones de pesos para que muy pronto podamos caminar en el
Bosque del Amor-Amor, recorrer la Plaza de los Chimilas, disfrutar
los cantos de los juglares vallenatos en el Coliseo Cacique de
Upar y la Tarima Compae Chipuco, e incluso encontrarnos con una
réplica del antiguo convento de Santo Domingo, donde reposaba
la imagen de la Virgen del Rosario, cuyo milagro dio vida a la
Leyenda Vallenata.
Este Parque será
el más grande homenaje que podemos rendir a Consuelo. Pero
nuestro tributo va más allá: Hoy mismo sancionamos
la ley que declara al Festival Vallenato como Patrimonio Cultural
de la Nación, que determina la emisión de un sello
postal o de correos en homenaje a la Cacica, que crea la cátedra
Valores y Talentos Vallenatos "Consuelo Araújoneguera"
y la Beca de Estudios con su nombre para investigadores sobre
el folclor nacional. Además, con esta ley se asignan 5
mil millones de pesos del presupuesto nacional para la construcción
y terminación del Parque de la Leyenda Vallenata, para
la Escuela de Música de Talentos Vallenatos "Rafael
Escalona" dentro del parque y para el mausoleo de la Cacica.
¡Serán 5 mil millones más para hacer de Valledupar
un polo del turismo y un polo del folclor colombiano!
Pero no paran ahí
las buenas noticias. ¡También debe estar muy feliz
Consuelo al saber que su vallenato se ha vuelto producto de exportación
y factor de desarrollo gracias al Cluster de la Cultura Vallenata
que firmamos el pasado 15 de marzo en el Encuentro de Competitividad
de Santa Marta!
No exagero si digo que
fue la Cacica la que sacó al vallenato de las fronteras
del caribe colombiano y lo llevó a pasearse con orgullo
por todo el mundo. Ahora lo cantan Serrat y Paloma San Basilio.
Ahora lo corean en otros idiomas. Ahora se ha ganado un Grammy
con la figura internacional de Carlos Vives. Ahora se ha vuelto
el favorito de los líderes mundiales, como el expresidente
Bill Clinton, quien nunca deja de mencionarme su gusto por la
actuación de los niños vallenatos, esos que tanto
promovió Consuelo y que la emocionaron hasta las lágrimas
cuando hicieron sonar sus acordeones en la Casa Blanca.
Con base en estas experiencias
vamos a desarrollar el Cluster de la Cultura Vallenata. Mediante
el trabajo conjunto del Ministerio de Comercio Exterior, el Ministerio
de Cultura, el Comité Asesor Regional de Comercio Exterior
-Carce- del Cesar, las empresas del sector privado, las universidades
y las autoridades regionales vamos a hacer de la parranda vallenata
un producto turístico y vamos a volver competitivos los
productos vallenatos culturales en el mercado internacional. ¡Este
es un reto que debemos asumir entre todos, para que el mundo entero
sepa que Valledupar y el vallenato son los símbolos de
lo mejor y lo más autóctono de Colombia!
Además, con la
declaración de Valledupar como Zona Especial Económica
de Exportación, que anuncié aqui mismo en esta plaza
en enero del año 2000, vamos a consolidar a esta ciudad
y a toda su zona de influencia como un polo de inversión
y desarrollo de la región caribe. Ya tenemos la ley 677
del año pasado que establece estímulos tributarios,
fiscales y laborales para la creación de empresas y la
producción con miras a los mercados externos. Hoy puedo
anunciarles que la reglamentación de esta ley, para hacerla
aplicable en toda su extensión, está en su etapa
final y que próximamente estaré expidiendo el decreto
para que todos los incentivos comiencen a operar plenamente.
¡Mi compromiso con
Valledupar y el Cesar, mi compromiso con la memoria de la Cacica,
es seguir trabajando hasta el último minuto por el desarrollo
y bienestar de esta región que llevo aferrada a mi corazón!
Amigos vallenatos:
Si alguna ciudad he visitado
con frecuencia, cumpliendo mi deber de gobernante pero también
mi predilección como amigo, ha sido a Valledupar. Aquí
estuve celebrando con ustedes sus 450 años, trayéndoles
buenas noticias como la declaratoria de la Zona Económica
Especial de Exportación, la firma del Convenio para apoyar
el Programa de Agua Potable y Saneamiento Básico y el respaldo
financiero al Hospital Rosario Pumarejo de López. Aquí
estuve en el memorable festival que rindió homenaje a Gabriel
García Márquez. Aquí vine a inaugurar viviendas
de interés social en la Ciudadela 450 años y a entregar
títulos de propiedad a los más pobres del Cesar.
También vine a Codazzi a lanzar el más ambicioso
plan de ayuda a los algodoneros para recuperar la siembra de este
producto tradicional del departamento. Y por si fuera poco, dejamos
a Valledupar la penitenciaría más moderna y más
segura de Colombia.
La Cacica lo sabe desde
su cielo vallenato: Si algo hemos querido, si algo hemos procurado,
es hacer lo mejor por esta tierra que nos ha entregado tanto afecto
y tanta música.
Desde su plaza, desde
su tarima, hoy le hablo a la Cacica, como si hiciera una plegaria
vallenata, y le repito los versos de Armando Zabaleta:
"Yo sé muy
bien que en tu querida tierra .
Has dejado un vacío que no hay cómo llenarlo".
"Porque es verdad que el tiempo que se va no regresa.
¡Sólo queda el recuerdo de las cosas queridas!".
Con ese recuerdo nos quedamos,
Cacica. Nos quedamos con su pueblo, con su provincia amada. Nos
quedamos acompañando y rodeando con toda nuestra solidaridad
y nuestro afecto a su esposo, el Dr. Edgardo Maya, a sus hijos
y a sus familiares, que hoy son testigos de excepción del
lugar de privilegio que ocupaba Consuelo Araújonoguera
en el corazón de su gente.
A ellos esta noche quiero
rendirles homenaje haciéndoles entrega de la 'Orden de
Boyacá', en el grado de Gran Cruz, que hemos otorgado a
la Cacica en forma póstuma, como un reconocimiento perdurable
del pueblo colombiano a su vida y a su obra. ¡Es la medalla
más grande de Colombia para una mujer tan grande como su
pueblo!
Yo, por mi parte, me llevo
no sólo una gran emoción en mi corazón, sino
también la estatuilla 'Consuelo Araújonoguera, la
Pilonera Mayor'. Doy gracias a la generosidad de la Fundación
Festival de la Leyenda Vallenata, que se vuelve presencia permanente
de esta gran amiga que por siempre desfilará por estas
calles, por estas calles suyas, y en la mente de todos los que
la quisimos.
Queridos amigos: Todavía
hay llanto en la tierra del Cesar, pero es un llanto que acallaremos
con parrandas, como lo hacen los buenos vallenatos. Porque sabemos,
con certeza, que también hay fiesta en el cielo. Porque
ahora los ángeles tienen su diosa coronada. Porque Francisco
el Hombre cantará para ella sus versos legendarios. Porque
"Alicia adorada" ha encontrado al fin una compañera
de tertulia y Jaime Molina, el amigo de Rafa Escalona, tendrá
quien le organice un Festival Vallenato. No tengo duda de que
en el cielo estará la Cacica, con Pedro Castro, escuchando
el duelo de titanes entre Alejo Durán, Juancho Polo Valencia
y Juancho Rois, y averiguando cómo va su parque, cómo
anda su tierra, cómo están sus amigos que nos quedamos
huérfanos de su presencia.
Cacica: nunca te olvidaremos
ni dejaremos de escuchar tu risa abierta ni dejaremos de sentir
la alegría de tu mirada ni el calor de tu bienvenida. Cacica:
nos haces mucha falta. ¡Pero siempre estarás en nuestros
corazones enamorados de la música y el alma de tu Valle
de Upar!
Aquí nos quedamos
con Leandro Díaz, con Rafa Escalona, con Emiliano Zuleta,
con tantos creadores que han venido a hacer el más grande
homenaje a la Cacica: el tributo de los juglares, de los mitos
del vallenato que ella ayudó a construir.
Aquí nos quedamos
pensando, como Guillermo Buitrago:
"Cómo me compongo
yo en el día de hoy;
Cómo me compongo yo en el de mañana.
"Cómo me compongo yo, que vivo triste.
Cómo me compongo yo: ¡me duele el alma!".
¡Hasta siempre,
Cacica! Vivirás en el alma de tu pueblo y en cada una de
las notas de sus acordeones. Vivirás en los niños
vallenatos y en tu parque de leyenda. Entre tanto, sólo
puedo decir, con el corazón emocionado, esa frase hermosa
que nos puso a cantar hace muchos años Juancho Polo Valencia:
"Adiós, Consuelo,
Consuelo querida... ¡Yo te recordaré toda la vida!".
En su honor, y para siempre,
declaro instalada esta trigésima quinta versión
del Festival de la Leyenda Vallenata.
Muchas gracias".
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