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El
festival
Origen
Rafael Escalona Martínez
Pasarán muchas
décadas para que en el mundo de la música vallenata
vuelva a darse un fenómeno de las proporciones que encarna
Rafael Escalona. Sin tener oído para el baile ni voz para
el canto; sin haber tocado jamás un instrumento musical
ni conocer una sola nota del pentagrama; sin saber de solfeo ni
de partituras; siendo un niño, a los 12 años, creó
los primeros versos de lo que más tarde sería una
obra musical de impecables características melódicas
y literarias que se convirtió, por derecho propio, en la
expresión más auténtica de la música
vallenata y en algo mucho más trascendente que eso: el
alma misma de toda una región retratada por él,
con sus personajes y sus vivencias, en cada una de las estrofas
de sus cantos. El entorno del pueblito
donde nació el 27 de mayo de 1927 fue determinante en su
vocación poético-musical. Patillal, el pequeño
caserío donde vivieron sus padres, el coronel Clemente
Escalona Labarcés, un combatiente de la Guerra de los Mil
Días en las tropas al mando del General Uribe Uribe, y
doña Margarita Martínez Celedón, era un reducto
de poetas anónimos, de novelistas inéditos, de cantores
y decimeros que, a falta de auditorio, recitaban sus versos y
cantaban sus coplas a la sabana extensa y solitaria en noches
de luna llena. El viento llevaba el mensaje por entre las hendijas
de puertas y ventanas y traspasaba las paredes de bahareque de
las casas donde la gente reposaba. Poco a poco se fueron congregando
otros más que también tenían algo que decir
y así nació el grupo de muchachos contemporáneos
de Escalona que contaban cuentos, echaban chistes, referían
experiencias y cantaban acompañados de una lata vacía,
a guisa de tambor, y de una botella en la que marcaban el ritmo
con un palito.
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En plena adolescencia,
los padres se trasladaron a Valledupar en busca de colegios para
la numerosa familia: Justa Matilde, Nelson, Abigail, Clemente,
Magola, Rafael Calixto y Blanca. Y es aquí donde Rafael
desarrolla la totalidad de su obra que está compuesta por
90 canciones en aire de merengue, paseos y sones, de las cuales
la primera que se popularizó fue "Miguel Canales"
hecha en 1944 cuando apenas contaba con 17 años y estudiaba
en el recién fundado colegio Loperena. Anteriormente había
compuesto "El Profe Castañeda" que se considera
su primera canción formal -no versos aislados- y "El
carro Ford"; ninguna de las cuales alcanzó difusión
más allá de los límites vallenatos. A estas
tres siguieron "La enfermedad de Emiliano", "El
perro de Pavayó", "Buscando a Morales",
"El gavilán cebao", "Las vacaciones",
"El Jerre-Jerre No. 1", "Las arrugas de Benavides",
"El cazador", "Las lenguas sanjuaneras", "Carmen
Gómez", "El Chevrolito", "Paraguachón",
"El testamento" y una docena más, producidas
entre los años 44 al 48, que comenzaron a ser escuchadas
fuera de Valledupar. En Barranquilla, primero, como resultado
de la grabación que de algunas de ellas hizo Guillermo
Buitrago; y simultáneamente en Bogotá, gracias al
Dr. Alfonso López Michelsen que las introdujo, comentándolas
y haciéndolas cantar, en los salones de la intelectualidad
bogotana de la época.
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Sus canciones permiten
seguir no solo el rumbo de su propia vida, sino de buena parte
de la historia de la Provincia y de sus gentes. Desde los contornos
de la Sierra Nevada, incluida en la lírica vallenata por
primera vez, en el paseo que él le compuso al profe Castañeda,
prácticamente no existe pueblo, caserío, vereda,
lugar o sitio en la geografía del viejo departamento del
Magdalena que no haya sido escenario, testigo o motivo de algún
suceso cantado por Escalona. Cualquiera de sus cantos, tomado
al azar, es una estación en el largo itinerario vivencial
que recorrió su inspiración. Y basta adentrarse
en las estrofas de sus paseos, merengues y sones para reconstruir
su existencia y la nuestra y para entender el aporte inmenso que
él le ha dado a la música vallenata hasta convertirla
en lo que hoy es: la carta de identificación espiritual
de todo un país.
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Casado muy joven con Marina
Arzuaga, la célebre "Maye", inspiradora de algunos
de sus cantos, tuvo con ella 6 hijos: Adaluz, a la que le construyó
"La casa en el aire"; Rosa María, para quien
hizo brotar "El Manantial" en lo más alto de
la serranía; Rafael, Juan José, Margarita y Perla
Marina, los cuales lo convirtieron en abuelo hace rato. Pero antes,
durante y después de "La Maye" su vida sentimental
ha sido un permanente deambular entre amores y amoríos
que hoy le permiten contabilizar más de 18 hijos aparte
de los del matrimonio. |
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