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Mitos y leyendas
La sirena de hurtado
Cuentan los abuelos que
Rosario Arciniegas, era una niña muy linda y caprichosa,
nacida en el barrio "Cañaguate" de Valledupar.
Acostumbrada a hacer siempre su voluntad, no hizo caso cuando
sus padres, fieles a la tradición, le prohibieron que
fuera a bañarse a las profundas aguas del pozo de Hurtado
en el río Guatapurí, por ser un Jueves Santo,
día
consagrado a rememorar la Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo. Orgullosa y resuelta, Rosario se marchó a
escondidas y al llegar al pozo, soltó sus largos cabellos,
se quitó
la ropa y se lanzó al agua desde las más altas
rocas. Eran las dos de la tarde y, no obstante, el cielo se
oscureció
y cuando Rosario trató de salir de las aguas no pudo.
Un peso enorme en sus piernas le impedía moverse y como
pudo llegó a la orilla donde comprobó, horrorizada,
que sus extremidades inferiores habían desaparecido y
en su lugar había una inmensa cola de pez. Estaba convertida
en Sirena. Bien entrada la tarde, su madre, que suponía
donde podía estar, salió a buscarla llamándola
por toda la orilla del río. Pero nadie respondió.
Enterado todo el pueblo se sumó a la búsqueda
de su cádaver creyendo que se había ahogado,
pero en la mañana del Viernes Santo al salir el sol
apareció
sobre la roca desde donde se había lanzado y a la vista
de su familia y de todos los que la buscaban, dijo adiós
con la cola y se zambulló por última vez. Dicen
que desde entonces la ven y oyen su canto los trasnochadores
y
los que amanecen por la orilla del río. |
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